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“Desde este solitario andén, donde me ha descarrilado el corazón hace unos días, te escribo cielo arriba por si puedes leerme. Me pregunto a estas horas:¿Cómo estarán los ánimos del genio? Te imagino estrenando ese nuevo escenario con chaqueta cruzada y corbata de lazo. Te supongo enredado en discusiones nuevas o tronando a los truenos tu tristeza, tu entrañable desazón por tantas cosas. Decirte, que en este Madrid nuestro, el cine fundió a negro el domingo dieciséis hacia las once y el teatro echó telón precipitado, al quedarse sus gentes sin voz y sin palabras. El lunes, de mañana, un frente de cariño barrió de sur a norte las aceras, con intervalos de lágrimas, aplausos y recuerdos por la Puerta del Sol y sus alrededores. Luego fue quedando el vacío rodando por las horas, la amarga sensación de tu mutis sin más inesperado.

Nos han robado charlas frente a cafés y vinos hablando de los hombres y su historia, aprendiendo contigo de flamenco y de toros, descubriendo poemas de poetas malditos. Recuerdo tu doble carraspeo entre una frase y otra, tu gesto ladeado, tu asombro divertido.

Habremos de encontrarnos en un lugar cualquiera donde poder hablar y ser amigos y buscar funciones de teatro del grande, de Pinter, Pirandello, teatro con mayúsculas, que decías tu siempre, tu siempre con mayúsculas actor, con mayúsculas, ahora, para ti, mi abrazo y mi hasta siempre.”

Escribí estas palabras aproximadamente una semana después de que como dijera el gran poeta Miguel Hernández “un empujón brutal” derribase a quién era mi amigo y uno de los mejores actores que han nacido en nuestro país. Fueron pasados unos días, despertando del efecto narcótico y de ensoñación de los golpes por sorpresa, de ese estado en el que parece que todo cuanto sucede a nuestro alrededor forma parte de una ficción sobrevenida, cuando pude empezar a respirar el dolor de la perdida y tratar de expresarlo en la forma en que desde niño me he sentido más cómodo: escribiendo.

Ahora, pasados ya tres años, es cuando he decidido llevar a cabo lo que, desde aquel momento, supe que haría, promover algo que permitiese que en este país, tan proclive a la memoria escasa, el nombre y la figura de Agustín permaneciesen en el recuerdo. Ese es el motivo fundamental de la creación de este certamen, y por ello me pareció lo más apropiado que la sustancia esencial del mismo fuese extraída de las horas de charlas con Agustín y de su preocupación por la búsqueda de autores capaces de escribir teatro de calidad. Espero que esta iniciativa ayude a incorporar nuevos creadores que merezcan alcanzar ese rango que de forma tan personal acuñó mi querido Agustín: “Autores con mayúsculas”

Luis Lorente


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